sábado, 6 de febrero de 2016

Las mujeres saharauis contra la Mutilación Genital Femenina

La UNMS apoya el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina
Encontrarse por primera vez con la Mutilación Genital Femenina (MGF) desencadena sentimientos de incredulidad, impotencia y horror. Atroces prácticas dañinas que, de forma intencionada y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos. Afecta ya a más de 140.000 millones de mujeres y niñas y que, en la actualidad, coloca en situación de alto riesgo de sufrirla a 3 millones de pequeñas menores de 14 años, en un total de 28 países del mundo.

La celebración del Día Internacional Tolerancia Cero con la Mutilación Infantil viene a incidir en la necesidad de concienciar a la sociedad mundial sobre los enormes riesgos que conllevan estos procedimientos, que están prohibidos, pero que se siguen realizando al amparo de unas tradiciones culturales y, en algunos casos, incluso religiosas, basadas principalmente en la creencia de que si la mujer no acepta la ablación corre el riesgo de ser marginada y/o excluida de la sociedad a la que pertenece. También apunta a la voluntad de los hombres de mantener a las mujeres vírgenes hasta el matrimonio, haciendo con esta práctica que desaparezca su deseo sexual y, posteriormente, se coarta la posibilidad de que se pudieran convertir en mujeres promiscuas. ¿Pero qué puede decidir en este sentido una niña menor de 14 años a la que ni siquiera le explican que se trata de un ritual de iniciación a la edad adulta? Si hoy en día se continúan realizando ablaciones (por ser ésta la práctica más común de MGF) es porque, algunas sociedades, priman sus ancestrales tradiciones _en pleno siglo XXI_  por encima de la violación de los derechos humanos de sus propias hijas. Cuesta creerlo, pero las cifras están validadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Suelen ser curanderas o mujeres mayores quienes se ocupan de llevar a cabo estos procedimientos de resección del órgano genital femenino, interfiriendo brutalmente en el desarrollo y posterior función reproductiva de la mujer. Nunca se hacen en centros sanitarios, ni se utiliza instrumental médico para ello. Ni que decir tiene que es una utopía pensar en el uso de medicación profiláctica o calmante, tanto para la intervención en sí como para los terribles dolores que produce. Sólo con imaginar a una niña en plena infancia _porque la ablación se practica siempre a menores de 14 años_, siendo cortada con un cristal, una cuchilla de afeitar o un cuchillo, se le abren a una las carnes.

África, Europa, Asia, Australia y América lideran por este orden el triste honor de tener entre su población femenina mujeres circuncidadas, mujeres que arrastran las secuelas físicas y psicológicas de haber sido sometidas a una ablación. Problemas de salud a corto plazo (en el momento de la ablación se producen hemorragias muy graves y, en algunos casos, hasta mortales) y a largo plazo (pérdida de sensibilidad, quistes, infecciones, esterilidad, complicaciones y aumento de las probabilidades de muerte del recién nacido).  De hecho, en Mali, 9 de cada 10 niños nacen hoy sin vida, originando también un incremento importante de la mortalidad de las madres.

Quizás la labor más complicada para todas las organizaciones que trabajan por la erradicación de la Mutilación Genital Femenina en todas sus formas sea, precisamente, romper la barrera de la vergüenza de hablar de ello, tanto para quienes descubren por primera vez la MSF como para proporcionar marcos adecuados a las víctimas para que puedan abrirse y tratar profesionalmente las heridas físicas y psicológicas.Aunque hay quien defiende que ya es hora de cambiar estereotipos, ¿quiénes somos para juzgar sin saber? ¿Quién otorga a nadie la capacidad para dilucidar lo que esté bien o lo que está mal? Habrá que ceñirse a un criterio netamente médico y a otro simplemente de amparo a la legalidad internacional.
La MSF es una práctica dañina que viola los derechos de las mujeres y les causa importantes daños a la salud. Por eso es necesario erradicar esta costumbre caduca ,llena de ignorancia y sometimiento hacia la mujer, sin cuestionar el origen de esta tradición que, dicho sea de paso, es una costumbre de procedencia incierta y prohibida por leyes y decretos desde los años 80. Costumbres y prácticas abominables para una organización como la Unión Nacional de Mujeres saharauis _ejemplo de libertad y emancipación-que lucha contra la  violencia y la discriminación de género.