jueves, 19 de junio de 2014

El último cartucho



Puede ser que estemos quemando el último cartucho. Puede ser que este Día Mundial de los Refugiados en 2014 tenga connotaciones diferentes para el pueblo saharaui, que lleva ya 39 años esperando pacíficamente la resolución del conflicto político que asola sus vidas. Quizá es por ello que Naciones Unidas, al hilo de una nueva estrategia diplomática diseñada por el Secretario General, Ban Ki-Moon, haya optado por un nuevo enfoque que avance directo a la celebracióndelReferéndumde Autodeterminación en el Sahara Occidental.
 La urgencia de atender las necesidades propias de unos refugiados instalados en el desierto argelino desde 1975, que ya no pueden considerarse  de emergencia ni  con criterios de provisionalidad, obliga a adoptar políticas en favor de la sostenibilidad y  mayor capacidad de la población saharaui refugiada para valerse por medios propios mientras esperan una solución al estatuto definitivo del Sahara Occidental, en base a la decisión en las urnas a través de un referéndum.El caso del Sahara Occidental ha rebasado los límites previstos en las planificaciones de ACNUR. Casi cuatro décadas en el desierto argelino, resistiendo con infinita paciencia y una encomiable actitud pacífica, y subsistiendo de la ayuda humanitaria internacional, han dado como fruto un modelo de autogestión único. 156.000 saharauis sobreviven en cinco campamentos de refugiados que, a día de hoy, continúan recibiendo la ayuda basada en una cifra de población prevista de 90.000 personas. Sin duda alguna, eso es saber administrar y optimizar los recursos, con repartos equitativos, aun a sabiendas de que la situación nutricional de los saharauis es muy precaria y que no se cubren siquiera las necesidades básicas de más allá de un 60% de la población refugiada. 

Hay múltiples factores que influyen en ese empeoramiento de las condiciones socioeconómicas en los campamentos, que han disparado los niveles de insatisfacción y frustración de la población refugiada. La drástica disminución de la ayuda humanitaria amparada en excusas revestidas de crisis económica mundial; el descontento generalizado que frustra las aspiraciones de los jóvenes saharauis que han nacido siendo refugiados y cuyas expectativas de futuro se nublan en un horizonte incierto y carente de oportunidades laborales, pero  sobre todo la pasividad de la ONU y su incapacidad de imponer sus propias resoluciones en el caso del Sahara Occidental. 

Tras la investigación de la situación de la población saharaui llevada a cabo a lo largo de todo el año pasado y hasta abril de 2014 por el Enviado Especial de la ONU para el Sahara Occidental, Cristopher Ross, y la amplia gestión diplomática realizada con las partes (Frente Polisario y Marruecos), los países vecinos (Mauritania y Argelia) y la potencia administradora de este territorio que está pendiente aún de descolonización, España, lo cierto es que a Ban Ki-Moon no le quedó otra que plantear ese nuevo enfoque. “Iniciar el nuevo proceso de negociación con flexibilidad, creatividad e imaginación, para ir más allá en las propuestas ya existente y avanzar en una solución de avenencia o intermedia”, es decir, que hay que buscar la forma de poder celebrar el Referéndum de Autodeterminación para dar opción al pueblo saharaui a que exprese libre y democráticamente en las urnas. Porque lo que no puede ser es que las familias saharauis continúen separadas; ni que, poco a poco, se vaya diluyendo la identidad cultural absorbida por criterios de una ocupación militar ilegal; ni que se haga caso omiso a la explotación de los recursos naturales saharauis; ni que parte del pueblo saharaui deba vivir confinado en un desierto prestado y  con la otra sometida a una brutal represión. Puede que ésta sea la autopista que lleve a los saharauis a las urnas, a decidir su futuro y a la ansiada unificación. El próximo mes de octubre se celebrará una reunión de información del Consejo de Seguridad, en la que se hará una primera evaluación que indique si este nuevo enfoque es fructífero o no. Ahí veremos la disposición de  las Instancias Internacionales.

Dejando a un lado los asuntos de violaciones de Derechos Humanos y expolio de recursos naturales en los territorios ocupados del Sahara Occidental, hoy debemos ocuparnos de los refugiados, porque es su Día. Porque ACNUR informa de sus actividades en los campamentos de refugiados saharauis  y, pese a los esfuerzos, pone de manifiesto tremendas carencias y la urgencia de adoptar medidas de excepción para atender las necesidades básicas de una población que se consume lentamente ante la indiferencia internacional. Reconoce la Agencia que continúa basando su intervención en datos de  población de hace 30 años. No han tenido en cuenta las políticas de natalidad impulsadas por el Frente Polisario y eso hace que, hoy por hoy, las estadísticas sean dantescas en todo cuanto se refiere a la población infantil saharaui refugiada, que supera  ya los 25.000 niños.             

Los principales problemas de salud, derivados de las duras condiciones en las que viven los refugiados saharauis, son la diabetes, la hipertensión arterial, la anemia, dolencias cardíacas y la hepatitis B. El 38% de la población saharaui refugiada sufre malnutrición crónica; el 71% de las mujeres lactantes y el 75% de las embarazadas padecen anemia; y el 7% de los niños son celíacos hoy en día… Las comisiones médicas multidisciplinares, principalmente cirujanos, ofrecen consultas especializadas a los refugiados con una frecuencia trimestral, pero sólo alcanzaron a 4.000 saharauis en 2013 (48% mujeres). ACNUR proporcionó en 2013 alimentación complementaria a unos 10.000 refugiados, centrando su objetivo en la disminución de las tasas de malnutrición crónica, anemia en todos los menores de 5 años, mujeres embarazadas y lactantes, cubriendo el 60% de las necesidades en los campamentos, aportando bienes fungibles médicos, reactivos para rayos X, laboratorios, servicios de atención dental y programas de formación de hábitos alimentarios, higiénicos y nutricionales del lactante y de los menores.
 En las necesidades básicas de los hogares no se alcanza a cumplir mínimamente la normativa básica en situaciones de emergencia, como aún se sigue considerando el caso de los refugiados saharauis para ACNUR. Si en esa política de ACNUR, aplicada a todas las emergencias durante un período de 8 años máximo, se contempla una previsión de entre 15 a 20 litros de agua al día por refugiado, los saharauis apenas alcanzan los 12 litros; en alimentación se calculan un mínimo de 2.100 kcal/persona y día, pero en los campamentos  saharauis esa cifra es el máximo; en cuanto al suministro de materiales y accesorios para viviendas, habida cuenta de la disminución de la financiación internacional, llama la atención que ACNUR denuncia no poder atender el 70% del total de las necesidades actuales. En el aspecto de la educación destaca que los niños refugiados entre 6 y 14 años tienen acceso a la enseñanza primaria y secundaria en las escuelas de los campamentos, si bien hay una carencia de material escolar, libros de texto, mobiliario escolar y capacitación de los maestros para mejorar la gestión escolar y la calidad de la enseñanza.

Todo esto unido a la falta de progreso en materia política, ha generado que, transcurridos 39 años de exilio, la población saharaui refugiada exija a la ONU que replantee el programa de ayuda humanitaria, adoptando medidas urgentes para crear oportunidades económicas en los campamentos, así como se abandone el mantenimiento prolongado de esa vinculación con respecto a otras situaciones de emergencia, que son, a todas luces, muy diferentes en fondo, forma y tiempo.

Quizá las “medidas de fomento de la confianza”, establecidas en el Alto el Fuego en 1991, sean la mayor ilusión de los refugiados saharauis y de sus familias en los territorios ocupados. Un programa diseñado para facilitar contactos entre ellos, que llevan 39 años sin verse. Desde 2004 que se pusieron en marcha hasta la fecha, 19.702 saharauis (57% mujeres y 43% hombres) han viajado a las ciudades de El Aaiún, Smara, Bujdur y Dajla en la zona ocupada por Marruecos para visitar a sus familiares. Actualmente, en torno a 28.500 saharauis están inscritos en los registros de participación, cumpliendo los requisitos.
Es por ello que la reanudación de los vuelos el pasado 17 de abril, tras haber permanecidos suspendidos durante un año, abre nuevas opciones de contacto familiar, que llena de esperanza a muchos refugiados que regresarán emocionados a su tierra tras casi cuatro décadas de exilio forzoso. Un exilio en el que la mejor opción para los niños refugiados son las “Vacaciones en paz” en España, acogidos por familias solidarias que les ofrecen un verano alejados del infernal calor del desierto (que alcanza los 50ºC). Este 2014 vendrán más de 4.500 menores, aunque la cifra es muy inferior a la de años atrás, cuando se alcanzó un record de 12.000 niños saharauis acogidos. Así  que, este año será  decisivo, esperamos que  ponga por fin un punto y final a una situación que clama al cielo, por ser insostenible e inadmisible política y humanamente hablando. Si los esfuerzos se encauzan correctamente y se logra que en días como hoy el mundo gire su cabeza y se fije en realidades como ésta, el pueblo saharaui podría estar en el inicio de la pista de despegue necesaria hacia un futuro merecido, poder expresar su libre voluntad a través de un  Referéndum de Autodeterminación.