sábado, 23 de marzo de 2013

Agradecimiento al equipo médico del Hospital de Valdecillas


Me dicen  que eres anónimo, nada más lejos de la realidad, ¿Cómo puedes ser un desconocido, sobre todo para mí, habiéndome cedido lo mejor de uno?;  mi cuerpo se sigue moviendo y es porque se mueve tu corazón, luego no puedo serte extraño.
Agradecerte, no sería suficiente, por lo que  no es justo, como que tampoco es, ni verdad ni justo decir que no nos conocemos, eso no puede ser.
 No estás muerto; mientras yo viva, vivirás en mí, y si yo sigo aquí es porque late tu corazón.
Lo recibí con alegría y lo llevaré con orgullo, lo cuidaré como si fuera mío y lo amaré porque es tuyo y amaré con él como tú lo hacías.
 Aprenderé con él tu bondad, tu generosidad e intentaré imitar tu grandeza, sé que no será nada fácil, pero contando con tu corazón se logrará.
Ese corazón es enorme, a mí me llena el pecho, casi no me cabe. Es tan valioso, que me compromete, no estoy seguro de que estaré a tu altura.
Ya ves que sí te conozco, estas son algunas de tus señas y de tus atributos.
Tú también me conoces, me conoces tanto que vives en mí y me aferraste a la vida,
me honras y me haces feliz, como también, hiciste feliz a los míos.
 Ahora te vienes conmigo, iremos a Africa, allí, a mi tierra, al Sahara, en Dajla, te llevaré a la Sarga, al faro, a Butalha o a la montaña del águila, aunque ese águila, antaño erguida, altiva y con sombra, haya sido abatida y mordido el polvo sin ninguna razón aparente, yo estuve ahí y lo vi. Así  de triste y de facil ocurrió.
Pasearemos nuestra solidaridad y les enseñaremos a todos mi alegría y  tu bondad.
Allí, que es el lugar de donde yo vengo, les diremos: ALHAMDULILAH he vuelto y es que, he vuelto, también gracias a ti.
¿Se entenderá tamaña bondad?, ahora sabemos a ciencia cierta que sí.
Existe y existe en todos los lugares del mundo, aquí y allá, en los rubios y en los negros y también en los demás.
No podré olvidar al personal del HOSPITAL VALDECILLA, que se encuentra en la hermosa ciudad de SANTANDER, esas personas, personas en el más enorme sentido del término,  les llaman  trabajadores de la salud, no entiendo cómo no se les llama con otro nombre más apropiado, por ejemplo ángeles salvadores de nuestras vidas y de nuestra salud.
Velan por nosotros, trasnochan por nosotros, madrugan por nosotros, estudian, investigan, se superan y aprenden,  por nosotros; esos valerosos hombres y mujeres con batas blancas, a veces; verdes otras veces, pulcras siempre; ropas que visten a la mejor calidad  humana.
El trabajador, suele hacerlo en pos de su salario,  en el caso de ellos, juraría que no lo hacen por eso, a juzgar por lo que observé día  y noche; esas sonrisas permanentes y ese humor  y amor que siempre enseñan y que, sinceramente  no sé cómo se podría agradecer aquello. Sí sabemos que “El amor, con amor se paga”.
 De todas formas, sencillamente les digo ¡GRACIAS, CHICOS, MUCHAS GRASCIA!, DE CORAZON!, sí, de los dos  ¿lo entendéis?.
Así me lo contó BUH y así os lo cuento.
El pasado mes de Marzo, del año 2012, me enteré, a través de un amigo de que a Buh Chej Abadalahi se le había practicado una operación de la delicadeza de un trasplante de corazón y que, gracias a Dios, se estaba recuperando en el mismo hospital de Valdecilla, donde se produjo el milagro. Me comentaron que el facultativo que llevó acabo la operación, así como su equipo, ese personal de benditas manos, detesta el protagonismo, una cualidad añadida del Dr, y los suyos, y que por lo tanto no desean ser mencionados. Por lo que a mí respecta le digo dos cosas, que nadie puede impedirme decirlas: “Dr. Vd y su equipo, que Dios les bendiga y muchas, muchas gracias”. Esto por lo que me concierne dada mi profunda relación con el “paciente”.
El caso es que al enterarme de lo acaecido, llamé al número de teléfono de Buh, sin estar segura de que me iba a responder, o quién lo iba a hacer. Afortunadamente me respondió él mismo y percibí en él un estado de forma realmente excelente.
Dias después volvimos a hablar por teléfono y ahora mucho más recuperado me relató todo lo que en su interior se había formado a raíz del  feliz acontecimiento.
Yo, no me he resistido a la tentación de hacerselo saber a todos o contárselo, incluso a  los cuatro vientos. Por eso, y a pesar de mis modestas posibilidades redactarias intenté escribir lo que este amigo me contó.
Debido a la emoción que me invade y habida cuenta de mis limitaciones como escritor quiero, por medio de estas letras, poner en el conocimiento de todos unos hechos tan maravillosos y que este modesto trabajo que titulamos, DOS VIDAS, UN CORAZON, cuyo valor sentimental supera con creces su valor literario, sirva de AGRADECIMINETO INFINITO.
Bilbao,  Marzo 2013, ¡FELIZ ANIVERSAIO, BUH!
M.A. Jalifa